Agustin García Calvo

“Contra” Agustín García Calvo

Jesús García Blanca | 09/11/2012

Hace poco más de veinte años que -en una de mis habituales incursiones a los sótanos de la hemeroteca de la Facultad de Letras de Granada- cayó en mis manos un texto de Agustín García Calvo publicado en la revista Archipiélago que por supuesto me hipnotizó inmediatamente: Contra la Paz.

Comencé entonces a buscar y devorar con fervor sus proclamas, retahílas, discursos, cartas, traducciones, tratados… y en fin todo su arsenal contra los de Arriba. Poco a poco me adentré en los recovecos más duros de su obra, incluyendo la trilogía sobre el lenguaje o el monumental Contra el Tiempo, hasta llegar a esa versión maravillosa de la Ilíada que lo acompañó durante tantos años y que conectaba con otra de mis obsesiones: el mundo antiguo, que descubrí cuando en algún remoto curso de primaria me tocó aprenderme para relatar en clase el canto XXII de la Ilíada en el que se relata el duelo de Héctor y Aquíles.

Poco después respondí a su famosa petición pública para que sus lectores le ayudaran a pagar una multa a hacienda; ese gesto trajo como consecuencia ciertas idas y venidas de cartas en relación con proyectos de información rebelde que finalmente no cuajaron. Pero sus ideas se convirtieron para mí en una referencia obligada, en un sendero de descubrimientos y consuelo intelectual.

Lo conocí una noche de 1999 en Cádiz durante un corto paseo junto al Parque Genovés tras una de sus rotundas intervenciones ante estudiantes de la Facultad de Letras. Poco después, Agustín escribió algunos textos mencionando el cuestionamiento del Montaje SIDA junto a otros ataques suyos al Modelo Médico. Un día de ese mismo año, Agustín e Isabel Escudero me llamaron para contarme que el diario El País se había negado a publicar un texto crítico suyo sobre el SIDA -conservo la carta de rechazo firmada por Javier Pradera y que me hizo llegar Agustín.

Hablé con él una última vez en 2007, cuando tuvo la paciencia de explicarme los matices que diferencian el heleno arcáico, del clásico y del que se hablaba en la época helenística, datos estos que yo necesitaba para mi novela El Segundo Río.

Y en todos esos años, sus escritos en Archipiélago, colaboraciones ocasionales e inesperadas en diarios de gran tirada que le cedían un huequito y sobre todo, sus libros, inolvidables retos a la inteligencia y a las ideas establecidas… echaré de menos al rebelde demoledor, entrañable, caótico y quizá un pelín desesperado que era Agustín.

Dejo aquí el texto que parí en el verano de 1993, recién leídos sus libros sobre los presocráticos:

Contra Agustín García Calvo

o como hablar con lo que habla a la gente que no se cuenta contra la realidad de la mentira o la mentira de la realidad, procurando estorbar un poco a los administradores de la muerte que, en nombre de estado y capital, gestionan la demotecnocracia o tecnodemocracia compuesta de masas contadas de individuos personales, clientes despilfarradores, que conducen para nada los automóviles del progreso progresado por las autovías del futuro, que es la muerte

01. Nada  d e b e r í a  existir.
02. Si se nos ocurriera por ejemplo que permitiéramos que algo existiera,  d e b e r í a  ser incognoscible.
03. Y si aún nos diéramos a la debilidad de permitir que algo existiera y fuese cognoscible,  d e b e r í a  ser incomunicable.

1. Que es que:

111. No deberíamos definir lo indefinido, que es conocer lo intemporal, que es medir lo que no se sabe, que es matar de antemano lo que tal vez hubiera podido quién sabe vivir;
112. por otra parte, tampoco deberíamos permitir que exista, contradictoriamente en el espacio y en el tiempo, lo que está ya definido porque:

1121. si pretendiéramos permitir que siempre existió no es indefinido y siempre se sabe lo que está sabido y se hace lo que está hecho que es nada;
1122. y si comenzó a existir en algún momento que pudiéramos tal vez permitir fue a partir de algo previamente definido o indefinido, algo que se sabe lo que es o que no se sabe lo que es, con lo que es fácil ver que volvemos a 1121 o 1122, osea a decir lo que ya estaba dicho que es no decir nada;

113. queda naturalmente la posibilidad de permitir que lo definido y lo indefinido eksistan a la vez, pero disponemos mal que nos pese del principio de contradicción para impedirlo convenientemente a tiempo.

121. Pero para el caso, que debería ser remoto, en que permitiéramos la existencia de Ideas, siempre serían éstas definición y nunca indefinidas, siempre serían Muerte y nunca vivas, siempre vendrían de Arriba y nunca de abajo.

131. Y aún si se pudiera Uno permitir algo de esto que no se debe permitir, no serviría para nadie más, para ningún Individuo o Persona o Cliente o masa de Ellos, porque todos y cada Uno (bien contados y definidos) costituyen (aunque haya grietas y demás errores) la Realidad, osea la Mentira, formada por el mundo en que se habla y el mundo de que se habla, y vaya a saber qué es lo que nos queda fuera; osea,  n o  vaya a saberlo.

 

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Acerca de Entre Madrid y Cadiz

Me crie en una familia numerosa, soy la mayor de 9 hermanos; mi infancia ha sido muy significativa para mí por varias razones, fue una infancia feliz, rodeada de una familia extensa, con muchos primos, masculinos porque los más próximos por edad a mí, tanto de hermanos como primos son varones, chicas, las primas del Puerto, con mi primera hermana me llevo 5 años, de chica siempre deseaba que crecieran pronto para que jugaran conmigo al elástico y a la comba; para mí “las niñas” . Me crié en Madrid y siempre de niña tenía el trasiego entre Madrid y el Puerto, Como éramos familia numerosa, de 1ª grado, el tren entre las dos ciudades era barato, por lo que desde los 13 años he viajado sola mucho en “El rápido y el exprés”. Sobre esto tengo muchas historias de trenes que contar. Desde siempre “El sur” me ha llamado intensamente, pero también tengo que reconocer que no sería la misma si no hubiera vivido en la gran ciudad, que te aporta cantidad de experiencias, que yo contrastaba con las de el extremo sur de la península; veía sobre todo una gran diferencia, empezando por el carácter de mi padre que se había criado en el puerto, de madre portuguesa, la forma de entender la vida, pausada, de disfrute, sencilla y austera. la figura de mi padre me influyo poderosamente, me quedo con sus valores: La justicia, la honestidad, reírse de los puritanos, su valentía y sentido común, el recibió una educación clasista y timorata que se sentía más en el sur ,pues Madrid ofrecía una variedad de estilos y formas mucho menos encorsetadas. Según fui siendo consciente me hacía sentir triste la anomia de las grandes urbes, un sentimiento de soledad que acompaña a la muchedumbre en la gran ciudad, yo veía mucho más humano y amable la forma de vida en el sur y desde muy joven decidí vivir aquí, en el sur, criar a mis hijos en esta tierra; recuerdo claramente que no quería tener hijos en Madrid. Soy de la época de “La ciudad me mata” y ese era el sentimiento, controvertido porque la movida madrileña de los 80 me pillo en Madrid y eso fue impresionante, vivirlo fue como un fulgor en medio del gris predominante. Podría contar mucho y amenazo con hacerlo algún día pues esta época tiene mucha sustancia, fue un cambio radical desde una educación de elite franquista en un colegio de monjas>las Irlandesas de BVM> donde tuve de compañera a la esposa de nº ministro de justicia; el día del atentado de ETA a Carrero Blanco yo estaba en clase a menos de un kilometro del colegio de los Jesuitas a donde iban mis hermanos menores y donde cayó el coche que había volado por los aires, las monjas nos asustaron con aires de guerras pues mi compañera María del mar era hija de Utrera Molina que acompañaba a Carrero Blanco a misa. Recuerdo vivamente volver a casa antes de acabar el horario de clase, llorando, llevando a mis hermanas y primas de vuelta a casa, era la mayor.Nosotras solo sabíamos lo que nos contaban y el mundo estaba cambiando rápidamente.
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