Rupert Sheldrake explica la teoría de Carl Jung del inconsciente colectivo desde su propia teoría biológica de la resonancia mórfica.

Rupert Sheldrake explica la teoría de Carl Jung del inconsciente colectivo desde su propia teoría biológica de la resonancia mórfica.

 

El biólogo Rupert Sheldrake ha publicado una serie de cápsulas en el sitio Lumenz Network en las que explica los conceptos centrales de su trabajo, incluyendo la telepatía, los campos morfogenéticos y la relación entre la ciencia y la espiritualidad. La teoría de Sheldrake de la resonancia mórfica se basa en la noción de que existe un campo de información compartido o una memoria inherente a la naturaleza. Este concepto es una continuación en la biología del inconsciente colectivo, acuñado por el psicólogo Carl Jung.

Sheldrake explica que Jung generalizó el concepto de Freud de que existía actividad mental consciente llevándolo del individuo a la especie. Esto es, una memoria colectiva de la cual todos tomamos, y que contiene patrones comunes de experiencia o arquetipos, los cuales, como mitos transpersonales se repiten en nosotros. Jung, por ejemplo, descubrió que personas sn Suiza soñaban con mitos directamente originarios de algunas tribus africanas, los cuales no tenían forma de conocer.

“Creo que la memoria colectiva en los humanos se debe a lo que llamamos resonancia mórfica, un principio de memoria colectiva en todas las especies. Jung tenía el problema de cómo explicar la manera en que una persona en Suiza puede heredar los mitos de una tribu africana sin un vínculo genético”, dice Sheldrake. Y añade que la resonancia mórfica aplica a todas las especies y  todos los animales se alimentan de una memoria colectiva y contribuyen a ella. Esta memoria colectiva no se ubica en el cuerpo, sino en la naturaleza misma, difundida como un campo y es sintonizada a través de lo que llama resonancia mórfica.

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Acerca de Entre Madrid y Cadiz

Me crie en una familia numerosa, soy la mayor de 9 hermanos; mi infancia ha sido muy significativa para mí por varias razones, fue una infancia feliz, rodeada de una familia extensa, con muchos primos, masculinos porque los más próximos por edad a mí, tanto de hermanos como primos son varones, chicas, las primas del Puerto, con mi primera hermana me llevo 5 años, de chica siempre deseaba que crecieran pronto para que jugaran conmigo al elástico y a la comba; para mí “las niñas” . Me crié en Madrid y siempre de niña tenía el trasiego entre Madrid y el Puerto, Como éramos familia numerosa, de 1ª grado, el tren entre las dos ciudades era barato, por lo que desde los 13 años he viajado sola mucho en “El rápido y el exprés”. Sobre esto tengo muchas historias de trenes que contar. Desde siempre “El sur” me ha llamado intensamente, pero también tengo que reconocer que no sería la misma si no hubiera vivido en la gran ciudad, que te aporta cantidad de experiencias, que yo contrastaba con las de el extremo sur de la península; veía sobre todo una gran diferencia, empezando por el carácter de mi padre que se había criado en el puerto, de madre portuguesa, la forma de entender la vida, pausada, de disfrute, sencilla y austera. la figura de mi padre me influyo poderosamente, me quedo con sus valores: La justicia, la honestidad, reírse de los puritanos, su valentía y sentido común, el recibió una educación clasista y timorata que se sentía más en el sur ,pues Madrid ofrecía una variedad de estilos y formas mucho menos encorsetadas. Según fui siendo consciente me hacía sentir triste la anomia de las grandes urbes, un sentimiento de soledad que acompaña a la muchedumbre en la gran ciudad, yo veía mucho más humano y amable la forma de vida en el sur y desde muy joven decidí vivir aquí, en el sur, criar a mis hijos en esta tierra; recuerdo claramente que no quería tener hijos en Madrid. Soy de la época de “La ciudad me mata” y ese era el sentimiento, controvertido porque la movida madrileña de los 80 me pillo en Madrid y eso fue impresionante, vivirlo fue como un fulgor en medio del gris predominante. Podría contar mucho y amenazo con hacerlo algún día pues esta época tiene mucha sustancia, fue un cambio radical desde una educación de elite franquista en un colegio de monjas>las Irlandesas de BVM> donde tuve de compañera a la esposa de nº ministro de justicia; el día del atentado de ETA a Carrero Blanco yo estaba en clase a menos de un kilometro del colegio de los Jesuitas a donde iban mis hermanos menores y donde cayó el coche que había volado por los aires, las monjas nos asustaron con aires de guerras pues mi compañera María del mar era hija de Utrera Molina que acompañaba a Carrero Blanco a misa. Recuerdo vivamente volver a casa antes de acabar el horario de clase, llorando, llevando a mis hermanas y primas de vuelta a casa, era la mayor.Nosotras solo sabíamos lo que nos contaban y el mundo estaba cambiando rápidamente.
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