LA SALUD ES NUESTRA

Pro-común: Más allá del debate público/privado

En estos días de movilizaciones en torno a la sanidad el debate entre los modelos de gestión no cesa. Por un lado, la empresa privada abraza a los gestores que ha colocado al frente del gobierno de la Comunidad de Madrid ofreciendo un informe a mayor gloria de la gestión que ellos defienden. Otro más de esos informes no muy rigurosos y llenos de “efectos especiales”. Por otro lado, profesionales sanitarios difunden materiales que muestran que no hay ninguna evidencia probada a favor de la gestión privada, además de ayudarnos a entender todo este proceso en un contexto más amplio (Javier Padilla: ¿Qué nos dice la evidencia sobre los modelos de gestión sanitaria? y Carlos Navarro: Reforma, te quiero). Un debate interesante y necesario, sobre todo para desmontar las mentiras sobre las que se está apoyendo este proceso de venta del sistema sanitario.

Sin embargo, corremos el peligro de encerrarnos en esta dicotomía, que nos desenfoca de lo que debe ser el objetivo prioritario: el cuidado y la promoción de la salud de todos y todas. Una amiga me comentaba el otro día que echaba en menos que se hablara de manera clara no sólo de la defensa de un sistema público, sino de un sistema universal. Desgraciadamente, esa universalidad ya se ha roto hace unos meses con la exclusión de las personas migrantes no regularizadas. Desgraciadamente, en ese momento hubo algunas protestas, pero que no fueron ni de lejos tan masivas como lo están siendo estas. Una verdadera pena, porque nos indica cómo la defensa de lo público y de lo universal pueden ir por lugares diferentes y encontrarse o no.

¿Porqué se produce esto? Para responder a esta pregunta creo que es interesante rescatar una explicación de Michael Hardt en torno a esta dicotomía público/privado en la que propone escapar de ella a través del rescate de “lo común”:

“Tenemos la mala costumbre de ver al mundo dividido entre privado y público, ya que parecen ser las dos únicas posibilidades. La tierra, por ejemplo, o era propiedad pública o era propiedad privada. Lo mismo también si hablamos de otros bienes, por ejemplo bienes inmateriales como las ideas, la música, etcétera. Así que si queremos atacar la estrategia neoliberal de privatizar todo parece que la única arma que tenemos es la propiedad pública, el control estatal.
 Pero también stá claro que hay mucho mundo natural, y también muchas ideas y muchas prácticas, que no son ni públicas ni privadas, es decir, son parte de una autorganización de la comunidad o de diversas comunidades.” 

Pero, ¿en qué consiste esto de “lo común”, también denomidado “pro-común” o “bien comunal”? Así lo cuentan en Colaborabora:

El “procomún” (traducción al castellano del “commons” anglosajón), es un modelo de gobernanza para el bien común. La manera de producir y gestionar en comunidad bienes y recursos, tangibles e intangibles, que nos pertenecen a tod*s, o mejor, que no pertenecen a nadie. Un antiguo concepto jurídico-filosófico, que en los últimos años ha vuelto a coger vigencia y repercusión pública, gracias al software libre y al movimiento open source o al premio Nobel de Economía concedido a Elinor Ostrom en 2009, por sus aportaciones al gobierno de los bienes comunes.

El procomún lo forman las cosas que heredamos y creamos conjuntamente y que esperamos legar a las generaciones futuras. Una gran diversidad de bienes naturales, culturales o sociales, como por ejemplo: la biodiversidad, las semillas, Internet, el folclore, el agua potable, el genoma, el espacio público, etc. Bienes que muchas veces sólo percibimos cuando están amenazados o en peligro de desaparición o privatización. Tod*s pueden acceder al procomún, es un derecho civil más­ y no sólo quienes pueden pagárselo.

El procomún es creado y recreado, conectado y reconectado. Nace de la interacción entre los miembros de una comunidad (comunidades distribuidas y/o de extrañ*s hasta ese momento) reunidas alrededor de un tema o de un problema. El procomún es un estado de emergencia (por imprevisible y por urgente), surge del empoderamiento de l*s “afectad*s” que reclaman derechos amenazados o destruidos. No hay procomún sin comunidad, y viceversa. Por tanto, el objetivo principal es hacer visibles comunidades emergentes de personas afectadas -darles el tiempo, darles la experiencia, darles la tecnología, darles los media, darles la palabra-, con la voluntad de construir entre tod*s un mundo más justo, un mundo común.

De alguna manera, nuestro sistema sanitario tiene algo de pro-común, aunque con grandes carencias en la dimensión comunitaria, precisamente por encontrarse encerrado en ese debate bipolar de modelos público/privado. Quizás por eso también se produce esa distancia entre los profesionales sanitarios y “los pacientes” para quienes se supone que es el servicio ofrecido. Esta es quizás la señal más clara de los límites de este modelo en cuanto a sus posibilidades de cuidar y promocionar la salud, y no solo de gestionar la enfermedad.

Efectivamente, nos encontramos en momentos en los que tenemos que defendernos de las dinámicas privatizadoras y empobrecedoras. Pero no perdamos la oportunidad de aprovechar estos movimientos para también avanzar hacia modelos más humanos y eficientes al mismo tiempo, superando las limitaciones de los modelos conocidos y abriendo nuevas vías comunes de construcción colectiva. 

 

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Acerca de Entre Madrid y Cadiz

Me crie en una familia numerosa, soy la mayor de 9 hermanos; mi infancia ha sido muy significativa para mí por varias razones, fue una infancia feliz, rodeada de una familia extensa, con muchos primos, masculinos porque los más próximos por edad a mí, tanto de hermanos como primos son varones, chicas, las primas del Puerto, con mi primera hermana me llevo 5 años, de chica siempre deseaba que crecieran pronto para que jugaran conmigo al elástico y a la comba; para mí “las niñas” . Me crié en Madrid y siempre de niña tenía el trasiego entre Madrid y el Puerto, Como éramos familia numerosa, de 1ª grado, el tren entre las dos ciudades era barato, por lo que desde los 13 años he viajado sola mucho en “El rápido y el exprés”. Sobre esto tengo muchas historias de trenes que contar. Desde siempre “El sur” me ha llamado intensamente, pero también tengo que reconocer que no sería la misma si no hubiera vivido en la gran ciudad, que te aporta cantidad de experiencias, que yo contrastaba con las de el extremo sur de la península; veía sobre todo una gran diferencia, empezando por el carácter de mi padre que se había criado en el puerto, de madre portuguesa, la forma de entender la vida, pausada, de disfrute, sencilla y austera. la figura de mi padre me influyo poderosamente, me quedo con sus valores: La justicia, la honestidad, reírse de los puritanos, su valentía y sentido común, el recibió una educación clasista y timorata que se sentía más en el sur ,pues Madrid ofrecía una variedad de estilos y formas mucho menos encorsetadas. Según fui siendo consciente me hacía sentir triste la anomia de las grandes urbes, un sentimiento de soledad que acompaña a la muchedumbre en la gran ciudad, yo veía mucho más humano y amable la forma de vida en el sur y desde muy joven decidí vivir aquí, en el sur, criar a mis hijos en esta tierra; recuerdo claramente que no quería tener hijos en Madrid. Soy de la época de “La ciudad me mata” y ese era el sentimiento, controvertido porque la movida madrileña de los 80 me pillo en Madrid y eso fue impresionante, vivirlo fue como un fulgor en medio del gris predominante. Podría contar mucho y amenazo con hacerlo algún día pues esta época tiene mucha sustancia, fue un cambio radical desde una educación de elite franquista en un colegio de monjas>las Irlandesas de BVM> donde tuve de compañera a la esposa de nº ministro de justicia; el día del atentado de ETA a Carrero Blanco yo estaba en clase a menos de un kilometro del colegio de los Jesuitas a donde iban mis hermanos menores y donde cayó el coche que había volado por los aires, las monjas nos asustaron con aires de guerras pues mi compañera María del mar era hija de Utrera Molina que acompañaba a Carrero Blanco a misa. Recuerdo vivamente volver a casa antes de acabar el horario de clase, llorando, llevando a mis hermanas y primas de vuelta a casa, era la mayor.Nosotras solo sabíamos lo que nos contaban y el mundo estaba cambiando rápidamente.
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