“La medicina caracol” Slow medicine

SLOW MEDICINE

Gracias a Carlos Álvarez-Dárdet he encontrado esta referencia italiana que me parece increíblemente semejante a la que iniciamos en Murcia con las Jornadas Decrecimiento y Posmedicina. Se llama slow medicine y está liderada por Gianfranco Domenighetti economista y profesor de comunicación y salud de la universidad de Lugano y, según Carlos, uno de los pensadores, en el ámbito de la salud y los sistemas sanitarios, más interesantes y originales de Europa

Robert Smith el genial ex editor del BMJ también reseña el movimiento de la slowmedicine en su blog, con su habitual sorna, de esta manera:

I have little doubt that slow medicine—like slow food and slow lovemaking—is the best kind of medicine for the 21st century” 

Traduzco parte de la entrada de Smith:

“Solamente el 11% de las 3000 intervenciones en salud que hacemos tienen pruebas científicas que las avalen, dice Domenighetti. Un tercio de la actividad que se realiza en el sistema de salud norteamericano no produce ningún beneficio, según un reciente trabajo publicado en el New England Journal of Medicine. La mitad de todas las angioplastias que se realizan son innecesarias. Unos 153 millones de euros se gastan al día en los sistemas de salud de los países de la Unión Europea debido a la corrupción. Cuatro de cada cinco nuevos medicamentos son copias de otros más antiguos. Los excesos de la prevención están creando nuevas enfermedades como el carcinoma ductal in situ de la mama. La mayoría de los médicos (80-90%) han recibido sobornos de la industria farmacéutica, aunque muchos no ven las invitaciones a comer o los viajes a congresos que les subvencionan como sobornos (pero si no son sobornos ¿qué son?). Entre el 15 y el 40% de los artículos científicos son escritos por ghostwritten (personas que escriben artículos -a sueldo de la industria- que luego son firmados por científicos y clínicos de prestigio). La mitad de los ensayos clínicos que se hacen no son publicados y existe un sesgo sistemático de publicación de estudios científicos que avalan la utilización de medicamentos que en realidad son menos seguros y efectivos de lo que los estudios supuestamente demuestran

A pesar de estos antecedentes, cuatro de cada cinco personas, en la mayoría de los países, piensan que la medicina es una “ciencia exacta o casi exacta” En un estudio publicado en el Annals of Internal Medicine cerca del 90% de los pacientes sometidos a una angioplastia pensaban que la intervención iba a disminuir sus probabilidades de sufrir un infarto cuando no era así. Cuando se preguntaba a los cardiólogos, casi la mitad pensaban que había que realizarlas aunque sabían que no eran beneficiosas para sus pacientes


Es hora, dice Domenighetti, de abrir la caja negra de la sanidad. Alentar la “health literacy” (se podría traducir como cultura en salud o alfabetización en salud) podría ser un camino, aunque para Domenighetti, esto no sería suficiente.Necesitaríamos, explica, animar a que se genere un escepticismo sano en relación con el mercado de la salud que ayude a las personas a entender que la medicina está lejos de ser una ciencia exacta. Los ciudadanos deberían conocer la variabilidad de la práctica clínica, la corrupción y los conflictos de interés que determinan la atención sanitaria. Deberíamos ser capaces de explicar que la salud depende mucho más de factores no sanitarios que del sistema de salud. La gente debería poder contar herramientas sencillas que les procuraran una mayor autonomía, por ejemplo, accediendo a datos basados en el mejor conocimiento científico”

 

El ideario de la slowmedicine se resume en tres palabras 

 

 

Sobriedad, Respeto y Equidad

 

 

 

SOBRIEDAD: MÁS NO ES MEJOR

 

La utilización de nuevos tratamientos y nuevas tecnologías diagnósticas no siempre se acompaña de beneficio para los pacientes. Los intereses económicos, los condicionantes culturales o la presión social son factores que estimulan una excesiva utilización de servicios sanitarios y un incremento continuado de unas expectativas ciudadanas que el sistema sanitario no será capaz de satisfacer.

 

No se presta suficiente atención al cuidado del medio ambiente y la integridad de los ecosistemas. La sobriedad en medicina demanda de actuaciones moderadas, graduales y relevantes, considerando la utilización adecuada de los recursos y evitando el derroche. La sobriedad en medicina exige el respeto por el medio ambiente y la protección de los ecosistemas.

 

 

 

RESPETO: LOS VALORES, EXPECTATIVAS Y DESEOS DE LAS PERSONAS SON DISTINTOS E INVIOLABLES 

 

Cada cual tiene el derecho as ser quien quiere ser y expresar lo que piensa. Una medicina respetuosa tiene que ser capaz de tener en cuenta los valores, las preferencias y las orientaciones de las personas en cada momento de sus vidas. Los profesionales sanitarios deben actuar con cuidado, equilibrio y empatía. 

 

 

 

EQUIDAD: ATENCIÓN SANITARIA APROPIADA Y DE CALIDAD PARA TODOS Y TODAS 

 

 

Una medicina equitativa promueve unos cuidados apropiados, es decir, aquellos que consideran las características de las personas y sus circunstancias, son aceptados y han demostrado ser efectivos

. Una medicina equitativa se opone a la injusticia y alienta el igual acceso de las personas a los servicios sanitarios y sociales. Licha contra la fragmentación de la atención y anima al intercambio de información y conocimiento entre los profesionales

 

 

Seguiremos a nuestros primos italianos de la slowmedicine

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Acerca de Entre Madrid y Cadiz

Me crie en una familia numerosa, soy la mayor de 9 hermanos; mi infancia ha sido muy significativa para mí por varias razones, fue una infancia feliz, rodeada de una familia extensa, con muchos primos, masculinos porque los más próximos por edad a mí, tanto de hermanos como primos son varones, chicas, las primas del Puerto, con mi primera hermana me llevo 5 años, de chica siempre deseaba que crecieran pronto para que jugaran conmigo al elástico y a la comba; para mí “las niñas” . Me crié en Madrid y siempre de niña tenía el trasiego entre Madrid y el Puerto, Como éramos familia numerosa, de 1ª grado, el tren entre las dos ciudades era barato, por lo que desde los 13 años he viajado sola mucho en “El rápido y el exprés”. Sobre esto tengo muchas historias de trenes que contar. Desde siempre “El sur” me ha llamado intensamente, pero también tengo que reconocer que no sería la misma si no hubiera vivido en la gran ciudad, que te aporta cantidad de experiencias, que yo contrastaba con las de el extremo sur de la península; veía sobre todo una gran diferencia, empezando por el carácter de mi padre que se había criado en el puerto, de madre portuguesa, la forma de entender la vida, pausada, de disfrute, sencilla y austera. la figura de mi padre me influyo poderosamente, me quedo con sus valores: La justicia, la honestidad, reírse de los puritanos, su valentía y sentido común, el recibió una educación clasista y timorata que se sentía más en el sur ,pues Madrid ofrecía una variedad de estilos y formas mucho menos encorsetadas. Según fui siendo consciente me hacía sentir triste la anomia de las grandes urbes, un sentimiento de soledad que acompaña a la muchedumbre en la gran ciudad, yo veía mucho más humano y amable la forma de vida en el sur y desde muy joven decidí vivir aquí, en el sur, criar a mis hijos en esta tierra; recuerdo claramente que no quería tener hijos en Madrid. Soy de la época de “La ciudad me mata” y ese era el sentimiento, controvertido porque la movida madrileña de los 80 me pillo en Madrid y eso fue impresionante, vivirlo fue como un fulgor en medio del gris predominante. Podría contar mucho y amenazo con hacerlo algún día pues esta época tiene mucha sustancia, fue un cambio radical desde una educación de elite franquista en un colegio de monjas>las Irlandesas de BVM> donde tuve de compañera a la esposa de nº ministro de justicia; el día del atentado de ETA a Carrero Blanco yo estaba en clase a menos de un kilometro del colegio de los Jesuitas a donde iban mis hermanos menores y donde cayó el coche que había volado por los aires, las monjas nos asustaron con aires de guerras pues mi compañera María del mar era hija de Utrera Molina que acompañaba a Carrero Blanco a misa. Recuerdo vivamente volver a casa antes de acabar el horario de clase, llorando, llevando a mis hermanas y primas de vuelta a casa, era la mayor.Nosotras solo sabíamos lo que nos contaban y el mundo estaba cambiando rápidamente.
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