EL PROGRAMA POSMÉDICO

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No tiene sentido que aspiremos a seguir creciendo de una manera ilimitada en un mundo limitado, tampoco en atención sanitaria. No podemos seguir creciendo a costa de los recursos del planeta, de seguir explotando a los ciudadanos del Tercer Mundo, del cambio climático, de la salud de las poblaciones o de la equidad. Uno de los grandes mitos de la economía es el del crecimiento. La economía oficial dice que el crecimiento genera cohesión social, facilita el asentamiento de los servicios públicos y dificulta el crecimiento del desempleo y de la desigualdad. Sobran las razones para cuestionar todo ésto. El crecimiento económico no provoca necesariamente cohesión social, y se traduce a menudo en agresiones medioambientales literalmente irreversibles, facilita el agotamiento de recursos escasos que no van a estar a disposición de las generaciones venideras y nos sitúa en un marco de un modo de vida esclavo que nos asegura que seremos más felices cuantos más bienes acertemos a consumir. Todas estas “verdades” merecen ser cuestionadas hipercríticamente. 
 
 
 
Los sistemas sanitarios se han convertido en un engranaje básico de este crecimiento económico insostenible. La apuesta, en esta nueva etapa que hemos llamado posmédica, es integrar en su core los valores del decrecimiento, un escenario en el que se trabaje menos, consumamos menos, y dedicando más tiempo a la vida social, la calidad de nuestra vida se acreciente sensiblemente. El decrecimiento implicaría la gestación de fórmulas de atención sanitaria creativas, en las que existiera un reparto del trabajo y una menor compartimentalización jerárquica de las tareas (menos sistema de salud centrado en los médicos), nos obligaría a reducir el tamaño de mastodónticas infraestructuras sanitarias, permitiría un vuelco sobre lo local en vez de sobre lo global, reclamaría una relación de simplicidad voluntaria y de sobriedad y aceptaría que lo último (en tecnologías, medicamentos, servicios…) no siempre es lo mejor o necesario. 
 
 
 

El movimiento posmédico reivindica renunciar a la aparente apoliticidad de la medicina contemporánea al servicio, en realidad, de los mercados y el capital. Se inscribiría en esa amalgama que define el pensamiento alternativo. Como respuesta al proceso y a la ideología de la globalización, el llamado pensamiento alternativo ha crecido aceleradamente bajo el impulso de distintas organizaciones civiles con la necesidad de reactualizar los grandes proyectos humanistas que pretendían mejorar el mundo, hoy abandonados por muchas posturas supuestamente avanzadas y por el hegemonismo neoliberal que ha reinstaurado los más caducos planteamientos.  El movimiento posmédico se hallaría vinculado a una cultura de la resistencia, donde grandes luchadores sociales, guiados por un pensamiento emancipador, sostuvieron una gama de instancias alternativas que todavía siguen en pie como desafíos fundamentales para la urdimbre de nuevas utopías y la plasmación de nuestra identidad. En resumidas cuentas, estamos aludiendo al valor de los principios y a la rectitud de procedimientos, a la importancia de la justicia y la equidad frente a modelos posesivos y depredadores, a la búsqueda de una efectiva organización democrática y a la necesidad de avanzar de manera franca en los procesos de integración social
 
 
 

La búsqueda de alternativas al modelo neoliberal y también al, insostenible, socialdemócrata -basado en la inversión pública sin límites racionales, desbordada por las demandas individualistas de los ciudadanos, las políticas cortoplacistas, las tendencias de la microefectividad tecnológica, los intereses profesionales y los comerciales- provoca cierto vértigo. Pero es una necesidad. Todo lo que tenemos que hacer para que desaparezca el sistema público de salud es: nada. Como dice Latouche, “Una verdadera alternativa que cuestione el estado de las cosas y, en consecuencia, la relación de fuerzas, se enfrentarás siempre a coaliciones de intereses y a resistencia” que, en nuestro caso, irán desde los propios ciudadanos y profesionales, pasando por la industria y, por supuesto, el Gobierno, defensor siempre del status quo (es igual de qué signo político sea; todos se han comprometido)

 

Un programa de decrecimiento no se puede formular en el lenguaje de los expertos y tecnócratas. Es una opción política no técnica. No es fácil su presentación, ni tampoco simple ponerlo en marcha. La crítica radical requiere de soluciones radicales. Y no es que la puesta en marcha de un programa de decrecimiento en sanidad requiera de medidas difícilmente realizables. Lo que pasa es que no es un modelo de “llave en mano” comparable al que proponen las estrategias “de gestión” de uno u otro signo

Una de las más importantes dificultades es que la construcción de una sociedad del decrecimiento, de una sanidad del decrecimiento, tiene que ser necesariamente plural. Enfatiza Latouche: “Se trata de buscar modos de realización colectiva que no primen un bienestar material destructor del medio ambiente ni de las relaciones sociales”, ni de la salud, añadimos. Una sociedad del decrecimiento es como una una idea matriz que debe dar lugar a multitud de iniciativas concretas en distintos sectores. Nosotros creemos que debemos comenzar con el sistema de salud. Porque un programa de decrecimiento para sanidad, en esta etapa necesariamente posmédica, es una alternativa movilizadora, creadora, capaz de reabrir espacios cerrados y perspectivas que hasta ahora no encontraban salidas. 

 

Pero ¿Por dónde empezamos? Veamos: En España, el gasto sanitario público dedicado a la atención hospitalaria ha sido el más inflacionista en las últimas décadas, está al nivel europeo o incluso lo supera (tomado de Simó)

 
 
            
 
También, España es uno de los países de la OCDE que más gasta per cápita en medicamentos
 
 
 
 
y que más dinero público dedica a financiarlos, casi un tercio de todo el gasto dedicado al SNS (tomado de Iñesta)
 
 
  
Por contra, la atención primaria, es claramente la cenicienta de la inversión pública en sanidad y sus % están muy alejados de los europeos. Y la atención primaria debe ser la base de la etapa posmédica. Su papel no es de gestión, como hasta ahora, sino que es político (habrá una entrada dedicada a esto)

 
 
En una primera etapa del programa de decrecimiento en sanidad (la más urgente) se trataría de invertir tendencias sin crecer. Es decir, se trataría de consolidar la inversión pública en sanidad, desinvirtiendo en lo inapropiado y reinvirtiendo en áreas deficitarias y políticas saludables (dirigidas a los determinantes sociales de la salud)
 
 
PROGRAMA DE DECRECIMIENTO EN SANIDAD
 
PRIMERA ETAPA: EL MOMENTO DE LAS POLÍTICAS
1. Consolidar el gasto público per cápita del año 2009

 


2. Evitar el incremento del déficit:

 
 



    2.1. Moratoria a cualquier incremento en el gasto hospitalario 
 
 
 


   2.2. Moratoria a la introducción de cualquier nuevo medicamento o tecnología sanitaria en el sistema público


 
 



3. Desinvertir (taxonomía de Repullo y/o las propuestas de Gérvas y Pérez y/o las deLaporte y Bosch en política de medicamentos

3.1. “Hacer solo lo que funciona, es seguro y 
merece la pena” 
 
3.2. “Rebajas en política y en gestión, con 
menos fundamento científico, 
pero imprescindibles”
 
3.3. “Concentración del gasto, 
concentración de rebajas”  

4. Incremento de un 20% de la fiscalidad del alcohol, tabaco y comida basura (El PSOE ha calculado que un incremento fiscal, mucho más pacato, supondría unos ingresos adicionales de unos 1000 millones de euro anules) 

un 10%, reduce su consumo un 4%
 
4.2. Subir los impuestos a la comida basura reduciría las tasas de obesidad en USA un 3,5% y evitaría, en UK, 2700 muertes al año por enfermedades del corazón. 
 

5. Reinvertir:

    

5.1. Atención Primaria

 
(tomado de Clara Benedicto)
5.2. Salud Pública y Administración Sanitaria

5.3. Políticas saludables 
 
   + Fomento de la movilidad activa (caminar y/o bicicleta): se ha calculado que tras 5,5 años de caminar al menos una hora al día, los costos para el sistema de salud disminuyen un 15%. Las medidas, además de la promoción de la movilidad activa, requerirían una seria restricción al tráfico rodado en las ciudades y pueblos

    + Mejora de la calidad del aire: la OMS ha calculado que una reducción de la contaminación por partículas (PM10) de 70 a 20 microgramos por metro cúbico permite reducir en aproximadamente un 15% las muertes relacionadas con la calidad del aire (aproximadamente, dos millones de muertes al año)

     Lucha contra el cambio climático: las dos primeras medidas propuestas contribuirían, pero hay más (y ya existen propuestas concretas para las actuaciones médicas)

    + Mejora de la educación: el nivel educativo influye de manera importante en la salud. Un reciente informe ha calculado que si se evitaran los 1,2 millones de abandono escolar que hay cada año en USA, se ahorrarían durante los años de vida de esos estudiantes 17 billones de dólares. El informe plantea claramente desinvertir en sanidad para invertir en educación

 
   + Aumento de los empleos en el sector sociosanitario: el paro, empeora la salud; la falta de recursos socio-sanitarios también. Un informe del 2010 calculaba que unas adecuadas políticas de fomento de este sector, podría generar para el 2015, 635.000 empleos

+ Políticas de promoción de viviendas saludables

SEGUNDA ETAPA: EL MOMENTO DE LOS CIUDADANOS Y PACIENTES

6. La simplicidad voluntaria (también en la atención sanitaria) siguiendo modelos como el de Ivan Illich o Foucault

 
(Ivan Illich)
 
(Michel Foucault)


El Programa Posmédico debe ser necesariamente tentativo. Son múltiples las acciones que un cambio de paradigma como el que supone el del crecimiento al del decrecimiento, puede inspirar. 

Solo hay que atreverse a pensar 

 
 
 
 
Publicado 24th September 2012 por Abel Jaime Novoa Jurado
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Acerca de Entre Madrid y Cadiz

Me crie en una familia numerosa, soy la mayor de 9 hermanos; mi infancia ha sido muy significativa para mí por varias razones, fue una infancia feliz, rodeada de una familia extensa, con muchos primos, masculinos porque los más próximos por edad a mí, tanto de hermanos como primos son varones, chicas, las primas del Puerto, con mi primera hermana me llevo 5 años, de chica siempre deseaba que crecieran pronto para que jugaran conmigo al elástico y a la comba; para mí “las niñas” . Me crié en Madrid y siempre de niña tenía el trasiego entre Madrid y el Puerto, Como éramos familia numerosa, de 1ª grado, el tren entre las dos ciudades era barato, por lo que desde los 13 años he viajado sola mucho en “El rápido y el exprés”. Sobre esto tengo muchas historias de trenes que contar. Desde siempre “El sur” me ha llamado intensamente, pero también tengo que reconocer que no sería la misma si no hubiera vivido en la gran ciudad, que te aporta cantidad de experiencias, que yo contrastaba con las de el extremo sur de la península; veía sobre todo una gran diferencia, empezando por el carácter de mi padre que se había criado en el puerto, de madre portuguesa, la forma de entender la vida, pausada, de disfrute, sencilla y austera. la figura de mi padre me influyo poderosamente, me quedo con sus valores: La justicia, la honestidad, reírse de los puritanos, su valentía y sentido común, el recibió una educación clasista y timorata que se sentía más en el sur ,pues Madrid ofrecía una variedad de estilos y formas mucho menos encorsetadas. Según fui siendo consciente me hacía sentir triste la anomia de las grandes urbes, un sentimiento de soledad que acompaña a la muchedumbre en la gran ciudad, yo veía mucho más humano y amable la forma de vida en el sur y desde muy joven decidí vivir aquí, en el sur, criar a mis hijos en esta tierra; recuerdo claramente que no quería tener hijos en Madrid. Soy de la época de “La ciudad me mata” y ese era el sentimiento, controvertido porque la movida madrileña de los 80 me pillo en Madrid y eso fue impresionante, vivirlo fue como un fulgor en medio del gris predominante. Podría contar mucho y amenazo con hacerlo algún día pues esta época tiene mucha sustancia, fue un cambio radical desde una educación de elite franquista en un colegio de monjas>las Irlandesas de BVM> donde tuve de compañera a la esposa de nº ministro de justicia; el día del atentado de ETA a Carrero Blanco yo estaba en clase a menos de un kilometro del colegio de los Jesuitas a donde iban mis hermanos menores y donde cayó el coche que había volado por los aires, las monjas nos asustaron con aires de guerras pues mi compañera María del mar era hija de Utrera Molina que acompañaba a Carrero Blanco a misa. Recuerdo vivamente volver a casa antes de acabar el horario de clase, llorando, llevando a mis hermanas y primas de vuelta a casa, era la mayor.Nosotras solo sabíamos lo que nos contaban y el mundo estaba cambiando rápidamente.
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