HACÍA LA SALUD QUE QUEREMOS.

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    RESOLUCIÓN APROBADA EN EL CONGRESO FUNDACIONAL DE EQUO-ANDALUCÍA

 

 

 

En la coyuntura social en la que nos encontramos con gravísimos ataques a nuestro sistema público de salud es imprescindible una decidida voluntad política y estratégica que lo defienda y vaya más allá, consolidando un servicio público de salud mejor para tod@s.

 

Numerosas evidencias demuestran que es mucho más cara la atención privada que la pública que es además un pilar fundamental de la cohesión social. La “crisis” es una excusa para vender el sistema público, para hacer negocio con él. El SAS es patrimonio de todas y todos, se ha construido con nuestros impuestos, con nuestro esfuerzo, al ser nuestro no se puede privatizar pero si es necesario establecer medidas políticas para profundizar y garantizar que siga siendo público y universal es por eso que consideramos imprescindible derogar la ley 15/97 que facilita la privatización de la gestión y provisión de los servicios sanitarios.

 

Además, en la actualidad, este sistema está dirigido prioritariamente a atender la enfermedad. Se ha priorizado desde el principio la atención especializada con grandes inversiones, lo que nos parece un error, ya que se incide poco en las causas que conducen a enfermar. Es necesario llevar a efecto la ley de salud pública Andaluza. Porque la salud no se puede entender separada de las condiciones de vida, a mayor desigualdad es más difícil disfrutar de una buena salud. Por lo tanto es necesario defender la salud en todas las políticas: económicas, medio ambientales, democráticas, de género, en coherencia con las propuestas de Equo, un partido que se propone crear sinergias para mejorar la calidad de vida de tod@s.

 

           Otras medidas que garanticen la sostenibilidad del SAS son:

 

-Fiscalidad justa para conseguir una suficiencia económica, es necesario que paguen más los que más tienen, es decir que participen en su financiación tantos las rentas del trabajo como las rentas del capital. Impuestos a los que contaminan y las sustancias y alimentos nocivos por lo que añadimos también un impuesto a la comida basura.

 

 -Presupuesto para salud finalistas, con trasparencia y rendición de cuentas, medidas que eviten el clientelismo político.

 

-Colaboración efectiva entre profesionales y usuarios en un empeño común: mejorar la salud.

 

-Controlar el despilfarro en fármacos y dispositivos tecnológicos: la EMEA, similar a la FDA Norteamericana, es una agencia del medicamento y evaluación de tecnologías que dependen de las comunidades autónomas, los estados y la UE, debe ser más transparente y fuerte, porque no podemos obviar los grupos de presión con intereses comerciales diferentes a la salud pública que actúan en estos tres niveles políticos. Gastamos en salud menos de la media europea sin embargo nos encontramos entre los estados que más derrochan en gasto farmacéutico.

 

– Es necesario modular los intereses particulares de la industria farmacéutica y tecnológica, de los  lobbys profesionales y sindicales, el clientelismo político, los intereses de las aseguradoras, las empresas médicas privadas, los bancos.

 

-Invertir en investigación propia, el sistema de patentes no nos favorece, interesa a la potente industria farmacéutica más preocupada por sus ganancias que por la salud hay que separar la investigación de la producción y poner el valor el gran potencial de los recurso humanos que tenemos en el SAS y en nuestras universidades para dar respuesta a los desafíos en salud. Sin contar con ell@s nos descapitalizamos, existe mucho conocimiento entre l@s expertos que no se valora suficientemente.

 

-Hacernos con una farmacopea propia básica con un demostrado balance riesgo-costo-beneficio.

 

-Reconversión energéticas de todos los centros del SAS para hacerlos más eficientes e invertir en energías renovables para su suministro. En una tierra como la nuestra es un despilfarro depender energéticamente de otras fuentes no renovables, la inversión sería pronto amortizada.

 

-Reforma de los estudios en ciencias de la salud, de sus distintas especialidades, para superar la visión de la ciudadanía como sujetos pasivos,  un cambio de paradigma en el que fomente el respeto mutuo, incorporando otras formas de sanar sin priorizar las farmacológicas.

 

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Acerca de Entre Madrid y Cadiz

Me crie en una familia numerosa, soy la mayor de 9 hermanos; mi infancia ha sido muy significativa para mí por varias razones, fue una infancia feliz, rodeada de una familia extensa, con muchos primos, masculinos porque los más próximos por edad a mí, tanto de hermanos como primos son varones, chicas, las primas del Puerto, con mi primera hermana me llevo 5 años, de chica siempre deseaba que crecieran pronto para que jugaran conmigo al elástico y a la comba; para mí “las niñas” . Me crié en Madrid y siempre de niña tenía el trasiego entre Madrid y el Puerto, Como éramos familia numerosa, de 1ª grado, el tren entre las dos ciudades era barato, por lo que desde los 13 años he viajado sola mucho en “El rápido y el exprés”. Sobre esto tengo muchas historias de trenes que contar. Desde siempre “El sur” me ha llamado intensamente, pero también tengo que reconocer que no sería la misma si no hubiera vivido en la gran ciudad, que te aporta cantidad de experiencias, que yo contrastaba con las de el extremo sur de la península; veía sobre todo una gran diferencia, empezando por el carácter de mi padre que se había criado en el puerto, de madre portuguesa, la forma de entender la vida, pausada, de disfrute, sencilla y austera. la figura de mi padre me influyo poderosamente, me quedo con sus valores: La justicia, la honestidad, reírse de los puritanos, su valentía y sentido común, el recibió una educación clasista y timorata que se sentía más en el sur ,pues Madrid ofrecía una variedad de estilos y formas mucho menos encorsetadas. Según fui siendo consciente me hacía sentir triste la anomia de las grandes urbes, un sentimiento de soledad que acompaña a la muchedumbre en la gran ciudad, yo veía mucho más humano y amable la forma de vida en el sur y desde muy joven decidí vivir aquí, en el sur, criar a mis hijos en esta tierra; recuerdo claramente que no quería tener hijos en Madrid. Soy de la época de “La ciudad me mata” y ese era el sentimiento, controvertido porque la movida madrileña de los 80 me pillo en Madrid y eso fue impresionante, vivirlo fue como un fulgor en medio del gris predominante. Podría contar mucho y amenazo con hacerlo algún día pues esta época tiene mucha sustancia, fue un cambio radical desde una educación de elite franquista en un colegio de monjas>las Irlandesas de BVM> donde tuve de compañera a la esposa de nº ministro de justicia; el día del atentado de ETA a Carrero Blanco yo estaba en clase a menos de un kilometro del colegio de los Jesuitas a donde iban mis hermanos menores y donde cayó el coche que había volado por los aires, las monjas nos asustaron con aires de guerras pues mi compañera María del mar era hija de Utrera Molina que acompañaba a Carrero Blanco a misa. Recuerdo vivamente volver a casa antes de acabar el horario de clase, llorando, llevando a mis hermanas y primas de vuelta a casa, era la mayor.Nosotras solo sabíamos lo que nos contaban y el mundo estaba cambiando rápidamente.
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