La simbología del caracol

 “el decrecimiento no es una alternativa sino una matriz de alternativas, donde se manifiesta la preocupación por conjugar la diversidad de propuestas en un conjunto coordinado“. Esas alternativas no vienen dadas, no están en los libros sino que deben ser desarrolladas, deliberadas, encarnadas y vividas

 
Gracias Marta por el texto. Serás, no me cabe duda, una estupenda médica de pueblo.
 
Abel Novoa
 
“A pesar de todos los interesantes datos y argumentos que se han ido aportando a lo largo de las diversas entradas de este blog, quizás alguno de los lectores podría preguntarse cual es la relación entre el movimiento posmédico decrecentista y el caracol.
 
 
 
 
El caracol representa muy bien la simbología que impregna el conjunto de propuestas que acompañan al decrecimiento: la reivindicación de la lentitud como oposición al uso compulsivo del tiempo (bancos de tiempo, movimiento “slow food”), la simplicidad o sobriedad voluntaria que supone vivir con “lo puesto” (vivir mejor con menos) como vive el caracol, sin posesiones superfluas (priorizar la convivencialidad feliz frente al consumismo y la acumulación frenética), el uso medido y moderado de la energía propio del avance pausado de este animal (vida activa y saludable), la ausencia de residuos, salvo un leve rastro que la naturaleza absorbe sin problemas… Todo ello implica una serie de descolonización de nuestros imaginarios, a lo que las circunstancias de crisis económica pueden precisamente ayudarnos
 
 
 
El autor Ivan Illich nos enseña no solamente la necesaria lentitud sino también otra lección todavía más necesaria y metafórica de la estructuración de nuestro Sistema Nacional de Salud haciéndonos cuestionarnos nuevamente la necesidad de desinvertir en sanidad para invertir en salud y equidad.
  
“El caracol construye la delicada arquitectura de su concha añadiendo una tras
otra las espiras cada vez más amplias; después cesa bruscamente y comienza a enroscarse esta vez en decrecimiento, ya que una sola espira más daría a la concha una dimensión dieciseis veces más grande, lo que en lugar de contribuir al bienestar del animal, lo sobrecargaría. Y desde entonces, cualquier aumento de su productividad serviría sólo para paliar las dificultades creadas por esta ampliación de la concha, fuera de los límites fijados por su finalidad. Pasado el punto límite de la ampliación de las espiras, los problemas del sobrecrecimiento se multiplican en progresión geométrica, mientras que la capacidad biológica del caracol sólo puede, en el mejor de los casos, seguir una progresión aritmética”.[1]
 
 
 
 
Lo mismo ocurre con los sistemas sanitarios que, a veces, en vez de concentrar las fuerzas para alcanzar los objetivos de accesibilidad, disponibilidad, aceptabilidad y calidad o, incluso, una vez éstos alcanzados, siguen/seguimos insistiendo en “crear espirales innecesarias” como suponen la sobremedicalización o la excesiva inversión en hospitales frente atención primaria que finalmente repercuten negativamente en la salud de la población.
 
Si seguimos observando la utilización de la simbología del caracol en otras luchas sociales, ésta nos transporta a Chiapas, Méjico y a la resistencia que desde años llevan a cabo los indígenas zapatistas.
 
 
Templo de los caracoles emplumados, Teotihuacán.
Respecto a la concepción del  tiempo, los antiguos mayas lo simbolizan con un hombre viejo saliendo de un caparazón de caracol, es decir, de una espiral, para representar de esta forma lo cíclico del tiempo frente a la concepción de lo lineal.
 
 
 
 
El caparazón de este caracol marino de Chiapas, mucho mayor que el nuestro, se utilizaba tradicionalmente como cuerno por los indios, en particular para convocar las asambleas comunitarias (lo que hoy sería nuestro megáfono del   15-M vaya..); de cualquier manera, un instrumento para alzar la voz, invitar al diálogo asambleario y a la reflexión colectiva, a la par que a la participación activa.
 
 
 
 
 
 
 
No nos sorprenderá, por tanto, que en la actualidad tomen el nombre de “Caracoles” las cinco circunscripciones políticas autónomas liberadas regidas por las Juntas de Buen Gobierno de los compañeros y compañeras zapatistas.
 
 
Desde el Caracol “Resistencia hacia un nuevo amanecer” de La Garrucha, a través de la radio habla la Coordinadora de la Clinica Comandanta Ramona, donde se realizan consultas de las Mujeres en Salud Sexual y Reproductiva.
 
Además, según Jérome Baschet, el caracol representa para los ancianos la forma del corazón, “de manera que permite entrar en el corazón o salir del corazón para ir al mundo… A la vez que se abre al exterior preserva su interioridad, se abre al otro volviendo hacía sí mismo”. Este simbolismo de una fecunda interacción entre el interior y el exterior es invocado para dar a entender la principal misión asignada a los Caracoles.”[2]
 
Resulta cuanto menos agradable que movimientos como slow food, los neozapatistas y el decrecimento, hayan escogido los caracoles como su símbolo. Sea como fuera, esta feliz relación, nos puede hacer intuir un signo de convergencia de caminos[3]. El decrecimiento no es una alternativa sino una matriz de alternativas, donde se manifiesta la preocupación por conjugar la diversidad de propuestas en un conjunto coordinado.
 
 
 
 
En esta época de crisis donde “lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer” es el momento de presentar alternativas viables, felices y saludables como lo es el decrecimiento. El movimiento posmédico llevará su tiempo pero no debemos olvidar que “Vamos despacio porque vamos lejos””.
 
 
 
 
 
Por Marta Jiménez Carrillo


 
 
1 Illich I. “Le genre vernaculaire” pag.292.
 
[2]Bachet. J. “La Rébellion zapatiste” pag. 283.
 
[3] Latouche S. “Salir de la sociedad de consumo. Voces y vías del decrecimiento”
Anuncios

Acerca de Entre Madrid y Cadiz

Me crie en una familia numerosa, soy la mayor de 9 hermanos; mi infancia ha sido muy significativa para mí por varias razones, fue una infancia feliz, rodeada de una familia extensa, con muchos primos, masculinos porque los más próximos por edad a mí, tanto de hermanos como primos son varones, chicas, las primas del Puerto, con mi primera hermana me llevo 5 años, de chica siempre deseaba que crecieran pronto para que jugaran conmigo al elástico y a la comba; para mí “las niñas” . Me crié en Madrid y siempre de niña tenía el trasiego entre Madrid y el Puerto, Como éramos familia numerosa, de 1ª grado, el tren entre las dos ciudades era barato, por lo que desde los 13 años he viajado sola mucho en “El rápido y el exprés”. Sobre esto tengo muchas historias de trenes que contar. Desde siempre “El sur” me ha llamado intensamente, pero también tengo que reconocer que no sería la misma si no hubiera vivido en la gran ciudad, que te aporta cantidad de experiencias, que yo contrastaba con las de el extremo sur de la península; veía sobre todo una gran diferencia, empezando por el carácter de mi padre que se había criado en el puerto, de madre portuguesa, la forma de entender la vida, pausada, de disfrute, sencilla y austera. la figura de mi padre me influyo poderosamente, me quedo con sus valores: La justicia, la honestidad, reírse de los puritanos, su valentía y sentido común, el recibió una educación clasista y timorata que se sentía más en el sur ,pues Madrid ofrecía una variedad de estilos y formas mucho menos encorsetadas. Según fui siendo consciente me hacía sentir triste la anomia de las grandes urbes, un sentimiento de soledad que acompaña a la muchedumbre en la gran ciudad, yo veía mucho más humano y amable la forma de vida en el sur y desde muy joven decidí vivir aquí, en el sur, criar a mis hijos en esta tierra; recuerdo claramente que no quería tener hijos en Madrid. Soy de la época de “La ciudad me mata” y ese era el sentimiento, controvertido porque la movida madrileña de los 80 me pillo en Madrid y eso fue impresionante, vivirlo fue como un fulgor en medio del gris predominante. Podría contar mucho y amenazo con hacerlo algún día pues esta época tiene mucha sustancia, fue un cambio radical desde una educación de elite franquista en un colegio de monjas>las Irlandesas de BVM> donde tuve de compañera a la esposa de nº ministro de justicia; el día del atentado de ETA a Carrero Blanco yo estaba en clase a menos de un kilometro del colegio de los Jesuitas a donde iban mis hermanos menores y donde cayó el coche que había volado por los aires, las monjas nos asustaron con aires de guerras pues mi compañera María del mar era hija de Utrera Molina que acompañaba a Carrero Blanco a misa. Recuerdo vivamente volver a casa antes de acabar el horario de clase, llorando, llevando a mis hermanas y primas de vuelta a casa, era la mayor.Nosotras solo sabíamos lo que nos contaban y el mundo estaba cambiando rápidamente.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s