LA HUELLA ECOLÓGICA.

EQUO-111105 puentecadiz
AJUSTARSE A LOS LÍMITES DEL PLANETA Y CONSEGUIR A SU VEZ UNA VIDA Y UN TRABAJO DECENTE
El concepto de huella ecológica define la capacidad que tiene nuestro planeta de soportar la actividad humana, sin que esta incida negativamente en la biodiversidad y los recursos no renovables. Este concepto se proyecta hacía el futuro, se compromete con las generaciones que están por venir, con el deber ético de dejarles un mundo rico, diverso, sano y habitable.
La huella ecológica difiere mucho entre los países y dentro de los países en las distintas clases sociales; normalmente a mayor riqueza se da un mayor consumo y crece la huella. Como sabemos a nivel global España se sitúa en una huella ecológica de tres planetas, esto significa que es necesitaríamos contar con tres planetas como el que tenemos para que los sumideros de CO2 tuvieran capacidad de regeneración y teniendo en cuenta además la basura que generamos, la ocupación del territorio, los combustibles fósiles, que ahora son el motor de nuestra economía, las materias primas que consumimos, los miles de nuevos productos químicos cuyo impacto para la naturaleza y el ser humano perteneciente a ella, desconocemos en su mayoría.
Pero se da el caso de que vivimos en una sociedad muy desigual y que estas diferencias van en aumento con rapidez por lo que todas las personas que viven en nuestra tierra no aportan la misma huella ecológica.
Es imprescindible reivindicar una mayor justicia social y defensa de los derechos humanos; reducir la desigualdad puede redundar en una relación mejor con el planeta que nos permita sobrevivir a nosotr@s y a nuestros nietos en un mundo que merezca la pena ser vivido. Hace una semana se detecto en la atmósfera, por primera vez, las 400 partículas por millón de CO2, sobrepasando ya, lo que los científicos del clima estiman como una situación impredecible de cambio climático, por lo tanto es urgente actuar.
Proponemos hacerlo en estas líneas fundamentales:
-Reducir la desigualdad dotándonos de una renta básica universal, unida a una educación de calidad, a unos servicios sociales que no hagan recaer sobre la mujer el peso de los cuidados, a un sistema sanitario universal y que incida en la salud pública.
-Repartir el trabajo ya que en esta sociedad postindustrial es imposible garantizar el trabajo para tod@s con jornadas de 35-40 horas semanales; hay que ir a una reducción drástica de la jornada laboral.
-Un cambio cultural imprescindible que nos haga superar la sociedad de consumo, por otro lado muy reciente en nuestra historia, que recupere nuestras formas de relación más dignas, más humanas, que nos permita tiempo libre para desarrollarnos como personas. Tenemos la ventaja de que las generaciones mayores conservan aun ese bagaje cultural y que nuestra tierra posee un gran patrimonio de sabiduría tradicional sostenible, solidaria y cuidadosa.
-Necesitamos trabajo, a día de hoy es la prioridad para muchos y existen grandes posibilidades de trabajo invirtiendo en energías renovables, con lo que gastamos en comprar petróleo y gas, (45,5 millones de Euros en el 2012), podríamos revolucionar toda nuestra economía, hacernos autosuficientes, utilizando nuestra riqueza inagotable en sol, viento, mareas.
-Necesitamos renunciar al productivismo que solo beneficia a una pequeña minoría y que nos hace pagar los costes al resto de los seres humanos esclavizados a jornadas de trabajo interminables, alienantes o condenados al ostracismo y la marginación del paro. Este sistema productivista nos devuelve contaminación, enfermedades, sufrimiento y guerras por los recursos escasos.
Recuperar los empleos perdidos en la construcción, que no debe volver más; la rehabilitación energética de edificios públicos y viviendas también contribuye a reducir la emisión de gases de efecto invernadero, a ahorrar energía y supondría muchos puestos de trabajo.
De esta manera se potencian sinergias que nos favorecen, podemos vivir mejor con menos teniendo lo suficiente.

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Acerca de Entre Madrid y Cadiz

Me crie en una familia numerosa, soy la mayor de 9 hermanos; mi infancia ha sido muy significativa para mí por varias razones, fue una infancia feliz, rodeada de una familia extensa, con muchos primos, masculinos porque los más próximos por edad a mí, tanto de hermanos como primos son varones, chicas, las primas del Puerto, con mi primera hermana me llevo 5 años, de chica siempre deseaba que crecieran pronto para que jugaran conmigo al elástico y a la comba; para mí “las niñas” . Me crié en Madrid y siempre de niña tenía el trasiego entre Madrid y el Puerto, Como éramos familia numerosa, de 1ª grado, el tren entre las dos ciudades era barato, por lo que desde los 13 años he viajado sola mucho en “El rápido y el exprés”. Sobre esto tengo muchas historias de trenes que contar. Desde siempre “El sur” me ha llamado intensamente, pero también tengo que reconocer que no sería la misma si no hubiera vivido en la gran ciudad, que te aporta cantidad de experiencias, que yo contrastaba con las de el extremo sur de la península; veía sobre todo una gran diferencia, empezando por el carácter de mi padre que se había criado en el puerto, de madre portuguesa, la forma de entender la vida, pausada, de disfrute, sencilla y austera. la figura de mi padre me influyo poderosamente, me quedo con sus valores: La justicia, la honestidad, reírse de los puritanos, su valentía y sentido común, el recibió una educación clasista y timorata que se sentía más en el sur ,pues Madrid ofrecía una variedad de estilos y formas mucho menos encorsetadas. Según fui siendo consciente me hacía sentir triste la anomia de las grandes urbes, un sentimiento de soledad que acompaña a la muchedumbre en la gran ciudad, yo veía mucho más humano y amable la forma de vida en el sur y desde muy joven decidí vivir aquí, en el sur, criar a mis hijos en esta tierra; recuerdo claramente que no quería tener hijos en Madrid. Soy de la época de “La ciudad me mata” y ese era el sentimiento, controvertido porque la movida madrileña de los 80 me pillo en Madrid y eso fue impresionante, vivirlo fue como un fulgor en medio del gris predominante. Podría contar mucho y amenazo con hacerlo algún día pues esta época tiene mucha sustancia, fue un cambio radical desde una educación de elite franquista en un colegio de monjas>las Irlandesas de BVM> donde tuve de compañera a la esposa de nº ministro de justicia; el día del atentado de ETA a Carrero Blanco yo estaba en clase a menos de un kilometro del colegio de los Jesuitas a donde iban mis hermanos menores y donde cayó el coche que había volado por los aires, las monjas nos asustaron con aires de guerras pues mi compañera María del mar era hija de Utrera Molina que acompañaba a Carrero Blanco a misa. Recuerdo vivamente volver a casa antes de acabar el horario de clase, llorando, llevando a mis hermanas y primas de vuelta a casa, era la mayor.Nosotras solo sabíamos lo que nos contaban y el mundo estaba cambiando rápidamente.
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