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LOS PROBLEMAS DEL SAS

Conciertos con clínicas privadas, gastos sobredimensionados en fármacos y tecnologías sanitarias, envejecimiento del personal del SAS, formación continuada y de nuevos profesionales a menudo dejada en manos de la farmaindustria, abandono de políticas preventivas, educativas y de salud pública suman un coctel destructor de una sanidad que tiene entre sus profesionales su mejor capital, construido desde la década de los setenta que cuenta con un conocimiento común, patrimonio de todos los andaluces por el que tenemos que luchar si no queremos vernos sin unos cuidados que antes o después todas las personas necesitan.

En Estos días hemos podido leer en prensa la denuncia de un sindicato sobre reparto de la productividad, incentivo económico que se da a los trabajadores de una Unidad de Gestión clínica si se cumple un alto porcentaje de los objetivos que se marcan para ese año y que se reparte de forma descaradamente desigual y jerárquica, lo que fomenta el desaliento en la mayoría de los trabajadores. Las UGC nacieron con la promesa de una mayor autonomía de los servicios, tanto en Atención Primaria como en Especializada.

Andalucía fue la primera comunidad donde se empezaron a fomentar las Unidades de Gestión Clínicas, UGC, hace ya más de diez años, modelo que ha gustado a la ministra de sanidad que tras el fracaso del expeditivo plan de privatización, quiere fraccionar el sistema sanitario público de tal manera que se aborde el saqueo de forma más velada.

Las unidades a menudo fomentan el amiguismo, intentando saltarse en más de una ocasión el reglamento que rige al personal estatutario, régimen que acoge al personal estatutario, mayoría en SAS. Se vendieron como una forma más directa de gestión, que desde luego, no tiene nada que ver con la autogestión, muy al contrario, en nuestra experiencia hemos visto muy buenos propósitos, como la reducción del gasto farmacéutico a través de la introducción de medicamentos genéricos, pero paradójicamente también vemos a diario a los vendedores, los representantes de las grandes compañías farmacéuticas acudir a los centros públicos sanitaros para visitar a los facultativos que recetan fármacos para informarles de las bondades de sus productos, siempre recién salidos al mercado, con su patente en vigor y por lo  tanto a precios altísimos y en una irrefrenable escalada, se sustituyen medicamentos que han demostrado ser efectivos a lo largo de muchos años por otros que gracias a la influencia de la farmaindustria se colocan en el mercado con estudios previos, muchas veces  maquillados, cuando no ocultando graves efectos secundarios, sirva de ejemplo las multimillonarias multas que por esta razón han tenido que asumir diversas multinacionales farmacéuticas, sobre todo en EEUU. http://www.cofatuc.org.ar/nov_bayer_enfrenta_juicios_millonarios.php. http://www.dsalud.com/index.php?pagina=articulo&c=108

De importancia fundamental para la sostenibilidad de Sistema Andaluz de Salud, SAS, es el control del gasto farmacéutico, el segundo en cuantía después del gasto en personal. Los ciudadanos deben saber que no porque un medicamento sea nuevo es más deseable, por el contrario, salvo puntuales excepciones un medicamento nuevo en el mercado es menos seguro que uno que lleva años usándose, por la simple razón de que son más conocidos sus efectos adversos. La sanidad pública de todo el estado ha perdido en los últimos años 28.000 puestos de trabajo, además, en Andalucía que perdió según cifras de primero de año 7.000 trabajadores, contrata solo al 75%, de tal manera que se potencia el gasto farmacéutico sobre la contratación de personal, así nos encontramos en estos momentos con que  la plantilla de profesionales del SAS está muy envejecida. Esto da que pensar, digamos que acabar con la sanidad pública y universal se puede hacer de distintas maneras, o bien por la vía rápida, intento del PP en la Comunidad de Madrid, que al ser tan descarado ha hecho saltar todas las alarmas ciudadanas y profesionales para evitarlo o de una manera más sibilina y retorcida como en nuestra comunidad que sin embargo mantiene altos índices de concertación con empresas privadas del sector sanitario, sobre todo con José Manuel Pascual y  Pascual SA  la primera empresa andaluza, y una de las más importantes a nivel nacional, dedicada a la promoción y gestión de servicios sanitarios, contando en la actualidad con seis Hospitales, concertados con el Servicio Andaluz de Salud.

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Acerca de Entre Madrid y Cadiz

Me crie en una familia numerosa, soy la mayor de 9 hermanos; mi infancia ha sido muy significativa para mí por varias razones, fue una infancia feliz, rodeada de una familia extensa, con muchos primos, masculinos porque los más próximos por edad a mí, tanto de hermanos como primos son varones, chicas, las primas del Puerto, con mi primera hermana me llevo 5 años, de chica siempre deseaba que crecieran pronto para que jugaran conmigo al elástico y a la comba; para mí “las niñas” . Me crié en Madrid y siempre de niña tenía el trasiego entre Madrid y el Puerto, Como éramos familia numerosa, de 1ª grado, el tren entre las dos ciudades era barato, por lo que desde los 13 años he viajado sola mucho en “El rápido y el exprés”. Sobre esto tengo muchas historias de trenes que contar. Desde siempre “El sur” me ha llamado intensamente, pero también tengo que reconocer que no sería la misma si no hubiera vivido en la gran ciudad, que te aporta cantidad de experiencias, que yo contrastaba con las de el extremo sur de la península; veía sobre todo una gran diferencia, empezando por el carácter de mi padre que se había criado en el puerto, de madre portuguesa, la forma de entender la vida, pausada, de disfrute, sencilla y austera. la figura de mi padre me influyo poderosamente, me quedo con sus valores: La justicia, la honestidad, reírse de los puritanos, su valentía y sentido común, el recibió una educación clasista y timorata que se sentía más en el sur ,pues Madrid ofrecía una variedad de estilos y formas mucho menos encorsetadas. Según fui siendo consciente me hacía sentir triste la anomia de las grandes urbes, un sentimiento de soledad que acompaña a la muchedumbre en la gran ciudad, yo veía mucho más humano y amable la forma de vida en el sur y desde muy joven decidí vivir aquí, en el sur, criar a mis hijos en esta tierra; recuerdo claramente que no quería tener hijos en Madrid. Soy de la época de “La ciudad me mata” y ese era el sentimiento, controvertido porque la movida madrileña de los 80 me pillo en Madrid y eso fue impresionante, vivirlo fue como un fulgor en medio del gris predominante. Podría contar mucho y amenazo con hacerlo algún día pues esta época tiene mucha sustancia, fue un cambio radical desde una educación de elite franquista en un colegio de monjas>las Irlandesas de BVM> donde tuve de compañera a la esposa de nº ministro de justicia; el día del atentado de ETA a Carrero Blanco yo estaba en clase a menos de un kilometro del colegio de los Jesuitas a donde iban mis hermanos menores y donde cayó el coche que había volado por los aires, las monjas nos asustaron con aires de guerras pues mi compañera María del mar era hija de Utrera Molina que acompañaba a Carrero Blanco a misa. Recuerdo vivamente volver a casa antes de acabar el horario de clase, llorando, llevando a mis hermanas y primas de vuelta a casa, era la mayor.Nosotras solo sabíamos lo que nos contaban y el mundo estaba cambiando rápidamente.
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